Pueblo no me falles III

¿Cuánto odio cabe en tu corazón?

¿ Cuanto más te dejarás manipular?
No es cuestión de sentimientos,
no es cuestión de decidir.
Es el derecho a hacerse oir.
A que nadie te diga de donde te has de sentir.
Simplemente dialogar.
Decidir entre todos el camino a seguir.
Ser civilizados sin necesidad de discutir.
No es tan difícil.
Entendamos que ninguno tenemos razón,
que todos nos equivocamos
que podemos pedir perdón.
Es lo más fácil.
Elegir en común hacia donde fluir.
Respeto y democracia,
ejemplo a seguir.
El pueblo tiene derecho a hacerse oir.
Opinar, salir a sus calles.
Hoy y siempre.
Pueblo, no me falles

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Cobarde (II)

La palabra persona se te queda grande, enorme.

Tú, que prometías futuros certeros, sólo has dejado noches fugaces y un fuego que estuviste a punto de avivar, del cual, temiste que te quemase.
Quizás sólo seas un triste cobarde y no un cabrón malnacido.
Puede que no tuvieras valor de formar un maremoto en mi cama por temor a ahogarte.
O simplemente no fuiste capaz de involucrarte en un viaje a ninguna parte con final feliz.
Tú, que todo lo podías de boquilla,
que eras el capitán, el jefe, el delantero que todas las mete.
Tú, el mismo que llama a las tres de la mañana implorando un perdón que no llegará.
Tú, que has perdido tu norte, tu palabra y tu credibilidad.
La palabra hombre se te queda grande, enorme.

Rebelde

Que bonitos son tus ojos que desprenden revolución,

como tu pelo al viento que inspira aires de cambios.
Sonrisas que salen de tu boca prometiendo dar un paso más.
Rebelde sin pausa  en un mundo aletargado.
Radical del amor y del sexo.
Actriz entre tanto hipócrita,
nunca dices lo que no piensas y ni piensas lo que no eres.
Equilibrista osada que no pierde el tiempo en caerse si no va a levantarse después.
Líder de todas mis alegrías y exterminadora de todos mis demonios.
Heroína de carne y versos que busca la justicia en su justa medida.
Que bonitos son tus sueños que desprenden revolución.

Mi historia

Pequeños versos se amontonan en mi libreta, inconexos, sin sentido.

Se agolpan letra a letra queriendo escapar de un boligrafo que levita sobre una hoja en blanco que simula un abismo de unos sentimientos desbocados, en carne viva, que ansían ser sanados por unos brazos imaginarios que nunca llegan.
Pequeños versos que son droga para el alma y fuego para el corazón, rociado con la gasolina que da la rabia de saberse un perdedor.
Mezcla intensa de emociones, razones y locuras.
Exigencias de uno mismo plasmadas en una, otra y otra página que nunca llegan a un equilibrio satisfactorio.
Pequeños versos que son vida, que cuentan historias reales y ficticias de amor y lucha, de batallas perdidas y horas ganadas al reloj.
Tic tac de latidos impares que fluyen hacia una obra incompleta que sólo rima con lamentos intermitentes de un cuerpo acostumbrado a sufrir.
Pequeños versos de un poeta despoetizado que escribe por vicio y lee por necesidad.
Poeta vacío de historias y lleno de vivencias que narran los que sus oídos ven y sus ojos escuchan.
Poeta no, poetilla de tres al cuarto, que escribe lo que siente porque mientras su lápiz vuela, su alma cobra alas pérdidas en todas sus batallas, que en otras vidas fueron narradas por abuelos de boina y bastón, de los que hacen las delicias de niños pequeños de rodillas rasgadas y sonrisa pícara.
Pequeños versos se amontonan,
inconexos,
de un poeta no, poetilla de tres al cuarto.

Mientes 

Mientes,

una y otra vez,
mientes.
Creías que haría la vista gorda,
que mi amor me cegaría.
Pensabas que dejaría una y otra vez que me pisoteases.
Que no reaccionaría.
Que valías más que yo.
Que no tengo amor propio.
Te equivocabas.
No esperabas que pusiese los puntos sobre las ies.
Que te dijera a la cara lo que no te atreviste a contar.
Ni siquiera me creías capaz de afrontar no tenerte más en mi vida.
De ilusiones también se vive.
Soy mi dueña.
No me haces falta.
Ni tú ni nadie.
No tengo miedo al mañana.
No vivo del pasado
Sólo pienso en mi hoy.
Sólo pienso en mi.
Y,
¿Sabes?
No es egoismo, es supervivencia.
Es volver a respirar.
Es crecer y creer.
Es crear y volar.
Es, volver a ser yo.
Ni tú ni nadie, ya
Ni esto ni nada, nunca.
Hoy, soy el timón de mí vida.

Por fín 

Quiero follarte.

Para que vamos a andar con remilgos.
Puedo decírtelo más suave pero no más claro.
Hace tiempo que no siento tu cuerpo.
Que no rozo tus labios.
Que no toco tu pecho
ni muerdo tus nalgas.
Hace mucho que tengo ganas de ti.
De lamerte las heridas.
De estar dentro de ti.
De sentirte arder y gemir.
De morir en tu cuerpo para luego resurgir.
Que voy hacerle si es así.
Imaginación desbocada sinfín.
Una y otra vez tu imagen encima de mí.
Cabalgando lentamente dejando fluir.
Si es que no puedo seguir así.
Ni te imaginas lo que me haces sentir.
A veces tierno a veces jabalí.
Tu cuerpo, a veces Picasso, a veces Dalí.
Quiero correme por ti.
Te lo ruego, hazme de nuevo vivir
lo que a tu lado con nadie sentí
   

Respirar 

Ya no respiro igual.

El aire que entra en mis pulmones ya no hace el mismo efecto que antes.
No me llena por dentro y me llena de vitalidad.
Suspiro entre estados de ánimo cambiantes,
tobogán de sentimientos se agolpan en mi sien sin saber bien, si quieren salir o quedarse allí a vivir.
Que sensación más rara es mirar sin ser visto, amar en silencio y contar los pájaros que vuelan a ninguna parte.
Ya no vuelo igual.
Se me acaba el infinito del cielo y me veo enjaulado entre barrotes que yo mismo me creo.
Cárcel mental y bloqueo.
Pequeños parones en mi cabeza, enquistada en una sola imagen, tu falta.
Vivir así es una estafa.
Ya no me pienso igual.
Grandes logros resumidos en una lágrima que cae por mi mejilla, puño cerrado de rabia y dientes apretados. Soy fuerte me digo, a veces débil me muestro.
Dicotomía humana hecha de carne y hueso que lucha día a día por salir adelante, sin mirar arriba y abajo sino a los lados, sin pisar a nadie que pueda ser pisado, sin dejarme pisar por nadie que lo intente.
Ya no me siento igual.
Me siento vivo y sano… frente alta y pasos firmes, espalda ancha y pecho tamaño enorme para dar cabida a corazones gigantes. Brazos largos para abrazar tristezas y manos pequeñas para no necesitar sujetar mis miedos. Piernas firmes como columnas y pies rápidos para huir de interesados, mente abierta y sonrisa constante.
Ya no me quiero igual…
…ya, me quiero mejor.