Que día aquel

Que día el de aquel día.

Recuerdos imborrables en una mente que sólo había recibido hostias.

Punto de inflexión.

Amanecer de una nueva vida que por fin da sentido a todo el dolor acumulado a lo largo de los años.

Renacer.

Mirarse bien dentro y creer en uno mismo. Quererse sinceramente y sin premisas.

Resucitar.

Ni una vez más permitirse caer, hacer de las cenizas una armadura infranqueable que nada ni nadie pueda romper.

Ascenso.

Pisar el acelerador con destino los sueños, crecer poco a poco, sin prisa y sin decaer.

Fuerte.

De carácter y de mente.

Fluir en el pensamiento de que mañana será mejor que hoy y que de lo pasado sólo queda aprendizaje.

Perseverancia.

Sólo tú ante tus lamentos, tus frenos y tus miedos.

Sólo tú, superandote una vez más.

Que día el de aquel día.

En el que no pude más que darme cuenta que sólo hay una salida.

Yo misma.

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Sábanas 

Gritos de guerra en tu cama una vez más.
Sudor recorriendo mi espalda mientras remuevo tus adentros con embestidas de amor.
Gemidos de pasión.
Frenesí en movimiento, fluyendo entre cuerpos acostumbrados a sufrir.
Sábanas en el suelo, relojes parados y bragas mojadas.
Para que resistir.
Cada centímetro de tu pecho estudiado por mi lengua comanche, rebelde de sentimientos.
Miénteme y dime que no quieres más…
…susúrrame al oído que puedo hacerlo mejor.
Motívame con el movimiento de tu culo hacia mí.
Hazme sufrir y tiéntame sin dejar que te toque con mis manos pero si con mi boca.
Hazme gemir. Asienta mi deseo y cómete  mis miedos a base de orgamos.
Libérame una vez más.
Deja que te llene de mis pasiones y así por fin, puedas seducir una vez más mis neuronas

Noche

Luces fugaces pasan por delante en esta noche de viento y lágrimas.
No estás aquí y no puedo reprochártelo.
Cuantas noches de fuego que se convirtieron en infierno te hice sufrir.
Cuantos despertares entre llantos que podría haber evitado con sólo sonreir.
¿ Qué perdón tiene un pobre ciego que no ve más lejos que su nariz?
Calma y silencio.
Sólo tus recuerdos.
¿Qué hacer para revivir?
La Luna me juzga desde su altar.
‘ Tienes muchas noches que pasar así y quizás, te puedas redimir’
Triste Luna que me vas a enseñar a mi, si pasas tus noches sola en un bucle sinfín.
Tendré que buscar compañía en alguna estrella que hoy no quiera dormir. 

Déjame ir

Despídete de mi,
mueve tu mano
y déjame ir.
Sin mirar una vez más atrás,
sin pensar en que mañana volverás.
Libro cerrado al fin.
Cuantas noches esperando una llamada,
una mano amiga que me dijera que nunca más.
Cuantos días perdidos entre pensamientos contrariados.
Amor y desamor.
Odio y pasión.
Que esperar de quien nunca llegó,
de quien prometió cien noches de sexo y solamente me dio lágrimas forzadas entre puñaladas en el corazón.
Despídete de mi,
déjame ir.
Vivir una vida plena y fluir.

Historia interminable 

Luces apagadas.
Butacas vacías
y una historia interminable a punto de llegar a su fin.
Mirada atrás,
odio y rencor,
nostalgia,
amor y tesón.
Como pasa el tiempo entre cada adiós.
Ya no escribe este bolígrafo con sangre.
Hoy ya sólo lo hace con perdón.
Palabras mudas que salen de una cabeza impenetrable, de neuronas cansadas y sentimientos, puro azabache que no por ser negro oscuros son de dolor.
Gritos sordos en orejas acostumbradas a no escuchar, gestos sinceros para hipócritas malnacidos más pendientes de su peinado que de los corazones rotos que dejan en su camino.
También esperanza.
Pequeñas gotas de lluvia fresca recorriendo la cara como azote de mar en plena tormenta, que no solo refresca si no que da fuerza.
Tanta gente, nuevos y viejos, los de siempre y los que están a punto de llegar.
Historias terminadas y comenzadas de nuevo, una y mil veces más. Adictos a tropezar.
Libro cerrado que quedará guardado en la estantería juntos a otros más.
Historia de vida que comienza sin solución de continuidad.
Todo preparado, este futuro incierto ¿Qué nos deparará?

Vuelos 3

Comienza un vuelo más con destino tus brazos, miles de kilómetros detrás, cientos de horas separados, días interminables y noches tristes fuera de tus sábanas.
Tiempo perdido a los dos, sobrevolando retos ajenos que se vuelven de uno mismo.
Proyectos de vida a distancia que confluyen como río y mar, fundiéndose en uno solo para ser más fuerte.
Ingratitudes del reloj, largas e interminables esperas desde las alturas.
El Dios del viento no nos está tratando bien.
Trayectos interminables con un único objetivo, tus labios, un único fin, compartir.
Aterrizo en tus sueños…espérame en la última puerta de tu mente.

Mente 

Que pensar si ya no te pienso.
Si ya no habitas ni un solo rincón de mi mente.
Si ya no te dedico ni una sola de mis palabras, ni te dedico canciones románticas cuando sale la luna.
Yo, que maté mis miedos por ti, que luché contra viento y marea, que navegué océanos de mentiras y defendí causas pérdidas a capa y espada.
Yo, que discutía con mi yo interior, que le llevaba la contraria por sistema o por cabezonería, todavía no lo tengo claro.
Yo, que me obligué a tener “el amor de mi vida” cuando sólo me hacía falta mirar un espejo.
Yo, que lo aposté todo a un Cupido con el punto de mira desviado y de humor un tanto raro.
Yo, que lloré en cada esquina de mi cuerpo tu falta cada noche de luna llena y estrellas fugaces.
Yo, que quizás, te he sentido como una droga y  casi me destrozo por tu síndrome de abstinencia.
Yo, que me miento cuando te digo que ya no sigo esperándote en cada playa que vimos poner el sol.
Que pensar si todavía te pienso.
Si todavía habitas cada neurona de mi mente.